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¿Diego de Ocampo o José de Jesús Jiménez Almonte?


Por Ubi Rivas

 

 

Pico Diego de Ocampo

Diego de Ocampo es la eminencia más encumbrada de la cordillera Septentrional con 1,250 metros sobre el nivel del mar, seguida por El Peñón, en las inmediaciones de Tamboril, con 1,100 metros , Jicomé, frente al Cruce de Esperanza con 1,020 metros , El Mogote en Moca con 970 metros y Quita Espuela en la cercanía de San Francisco de Macorís con 943 metros .

 

(María Teresa Sánchez, Geografía Patria, 1980, texto Secretaría de Educación resolución 69-71). (Luis Napoleón Núñez Molina, El Territorio Dominicano. 1972).

 

En referencia a Diego de Ocampo, el historiador Jaime de Jesús Domínguez refiera en su obra Historia Dominicana, páginas 62-63:

 

“Los esclavos acostumbraban a ponerse los nombres de sus amos, o del lugar de donde procedían, o de la profesión que ejercían, por esa razón, dos de los principales lideres cimarrones se llamaban Diego Guzmán y Juan Vaquero.  Un tercero, Diego de Ocampo, cuando se vio perseguido muy de cerca de cuadrillas antiguerrilleras, pactó con los esclavistas a cambio del perdón de su vida y dinero”.

 

“Este esclavo enseñó a sus antiguos perseguidores los sitios donde encontraban los palenques y las tácticas de combate empleadas por los insurreccionados, con lo cual se facilitó grandemente la derrota de estos, Diego de Ocampo fue el primer jefe cimarrón en caer, en 1544 o 1545” . (ob, cit. Págs. 62-63).

 

Frank Moya Pons, el papá de los historiadores dominicanos de siempre, relata en su indispensable obra Manual de Historia Dominicana, Págs. 36-37:

 

“En La Vega , entretanto, también había tenido lugar otra ofensiva contra los cimarrones.  Cerrato (el gobernador Alonso de Cerrato) también trató de acabar con la hegemonía que por diez años había mantenido un jefe negro llamado Diego de Ocampo y lanzó contra éste y su frente una cuadrilla de españoles. Los negros huyeron al Bahoruco no sin antes pasar por Azua y San Juan de la Maguana donde quemaron casas de purga de los ingenios. Aunque se intento posteriormente llegar a un acuerdo de paz con estos grupos, los españoles recrudecieron las persecuciones logrando atrapar muchos de ellos que fueron ahorcados, asaltados, quemados o castigados a perder cercenados sus pies.  Tan efectivo resultó esta batida que Diego de Campo finalmente se sintió acosado y se refugió en la casa de un hidalgo residente en Puerto Plata, desde donde pidió perdón y se ofreció entonces a perseguir a sus antiguos compañeros a cambio de su vida.  Los españoles aceptaron el trato y con tan valiosa ayuda pudieron hacer grandes daños a los cimarrones.  Ya en junio de 1546, Cerrato podía escribir a la Corona que lo de los negros cimarrones, está mejor que ha estado de veinte años a esta parte. Y no mentía.

 

Más adelante, Diego de Campo se arrepintió de su felonía  y se reintegró con los de su raza reiniciando la guerra contra el dominador y la esclavitud.  Capturado, fue torturado y asesinado por el colonizador.

 

Carlos Larrazábal Blanco en su obra Los Negros y la Esclavitud en Santo Domingo, refiere en sus páginas 146-47:

 

“Otro Negro insurrecto fue Diego de Ocampo, valiente y de gran movilidad. Corrían sus hazañas de La Vega a San Juan, de San Juan a Azua, de Azua a Bahoruco, del Bahoruco a Azua y San Juan, hasta para una vez a Puerto Plata donde finalizaron sus correrías congraciándose con las autoridades coloniales.  Hizo daño a varios ingenios, robó cien negros en Azua e hizo que el propio gobernador (Alonso de Cerrato) se movilizara hasta lograr hacer paces, pero Ocampo volvió a las suyas por lo cual las cuadrillas españolas lo atacaron con vigor ahorcando a unos, quemando a otros, aseteándolos o cortándoles los pies. Estas noticias las da el historiador Saco Sacadas de cartas del gobernador Cerrato y del oidor Grajeda fechadas en 1546. Según Utrera (fray Cipriano de Utrera)  Ocampo fue ajusticiado bárbaramente.

 

El historiador Franklyn Franco Pichardo refiere de manera muy escueta el accionar histórico de Diego de Ocampo, cuando en su notable volumen Historia del Pueblo Dominicano, Pág. 86 describe:

 

“El caudillo negro Diego de Ocampo, por su parte, sintiéndose  acorralado, pactó con las autoridades y se colocó a sus servicios”.

 

En su breve obra Los Negros, los mulatos y la Nación Dominicana , Franklyn Franco Pichardo relata página 18:

 

“En medio de las convulsiones desatadas, surgieron caudillos que encabezaron y dirigieron la lucha.  En San Juan de la Maguana las fuerzas que encabezó Diego de Ocampo, quien luego de asaltar un ingenio se refugió en el Bahoruco, fue perseguido, y murió heroicamente combatiendo.  En el centro del Cibao surgió en la década del treinta Diego de Ocampo, contra quien durante más de diez años, se desató la más encarnizada persecución.  Lanzándose contra él una cuadrilla a La Vega en donde estaba, y donde ahuyentado marchose  a San Juan de la Maguana ,  causando daño en dos ingenios y llevándose de allí y de Azua como cien negros. Fueron al Bahoruco, de donde tomaron a San Juan, quemaron las casas de purga  de los ingenios, y ocasionaron otros perjuicios. El Almirante gobernador salió con ciento cuarenta hombres de a pie y de a caballo para batirlos; más concertó paces con ellos y volvió a la ciudad”.

 

En su riquísima é ilustrada historia República Dominicana en tres tomos, Ramón Marrero Aristy, tomo I, refiere en la página 109:

“La conquista y colonización de Cuba se hizo también a expensas de Santo Domingo. Desde los tiempos de Ovando (Frey Nicolás de Ovando, gobernador de La Española ) esta isla había sido reconocida por orden suya, por Diego de Ocampo, uno de los más ricos colonizadores de La Española , perteneciente al grupo de gente conducida por colonizadores bajo el peso de sentencias judiciales, pero a quien su condición de hombre de bien lo acreditó moral y socialmente hasta el extremo de merecer la confianza de hombre tan puntilloso en cuestiones de moral como el comendador Mayor”.

 

De este hidalgo español fue que Diego de Ocampo hizo llamarse.

 

El largo introito alusivo al personaje Diego de Ocampo, de manera que el lector pondere si la eminencia más alta de la cordillera Septentrional en verdad amerita tener el nombre de una figura que representa un antivalor de la dignidad humana y un baldón para su clase en su doble condición infamante de traidor a su etnia y clase.

 

MÉRITOS DEL DOCTOR JOSÉ DE JESÚS JIMÉNEZ ALMONTE

PARA QUE DIEGO DE OCAMPO CAMBIE POR SU NOMBRE.

 

 

Doctor José de Jesús Jiménez Almonte

El nombre de Diego de Ocampo hace tiempo ha debido modificarse por el de doctor José de Jesús Jiménez Almonte, el científico más completo que ha producido República Dominicana, oriundo de Guazumal, Tamboril, provincia Santiago, el 06-08-1915 y fallecido el 18-11- 1982, a los 77 años.

 

Médico clínico extraordinario. Botánico eminente sin parangón. Ajedrecista. Políglota (inglés, alemán, francés).

 

El doctor Jiménez Almonte obtuvo con el presidente Joaquín Balaguer mediante ley 5697 del 12-08-1961 que el Pico Diego de Ocampo fuese un vedado.

 

Diego de Ocampo fue declarado Reserva Biológica mediante el decreto 233 del 30-07-1996 del presidente  Joaquín Balaguer, ratificado por la Ley General de Medio Ambiente 64 del 18-08-2000.

 

Calificado por el doctor Jiménez Almonte como una versión tropical del dios pagano de la mitología griega Jano, con dos caras, una hacia el valle del Cibao, otra hacia las llanuras que tocan su fin en el mar en las costas inmediatas a Puerto Plata.

 

En Diego de Ocampo nacen de su vegetación latifoliada una red hídrica riquísima y magnífica en los arroyos Las Lavas, Arrenquillo, El Peñón, Aloncito, Arroyo Juan, Arroyo Seco, Quinigüa, Bajabonico, Ojo de Agua, El Ranchito, Los Mameyes y una miríada de cabezadas de aguas y manantiales que es preciso conservar y nutrir  con una reforestación continua y vigilante.

 

Cobija más de 400 especies de flora endémica, 60 especies arbóreas, nueve orquídeas, doce bromelias y más de un centenar de helechos.

 

Su avifauna es variadísima y comprende la cuyaya ó cernícalo, el guaraguo, aura tiñosa, perico, cotorra, carrao, chinchilín, cuervo, lechuza, colibrí pájaro bobo, ruiseñor, petigre, cigua palmera (ave nacional), querebebé y otras.

 

El doctor José de Jesús Jiménez Almonte se recibió doctor en medicina en la entonces Universidad de Santo Domingo el 23-02-1931.

 

Cuando fallece el doctor Rafael Moscoso Puello el 12-10-1951 asumió su relevo de continuador del herbario de la Universidad de Santo Domingo.  En el suyo coleccionó más de 20,245 especies, el más grande herbario conocido en RD, que su hijo, también médico cardiólogo, doctor José de Jesús Jiménez Olavarrieta, donó a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMMA).  Un tesoro botánico invaluable. Con 10,538 impresos.

 

El doctor Moscoso Puello escribió para la posteridad el más completo catálogo de la flora dominicana que intituló Catálogus Florae Domingensis y el doctor Jiménez Almonte, humilde, sencillo y grandioso, escribió a su vez un complemento a la obra de Moscoso Puello que intituló anexo al Captálogus Florae Domingensis de Moscoso, editado por la Universidad de Pavía, Italia, porque ¡aquí no encontró patrocinio!.

 

Además escribió Colectores de Plantas de La Hispaniola , esta vez editado por la PUCMM , 1985, obra que no vio publicada porque falleció el 16-11- 1982, a los 77 años de edad.

 

 

El doctor Jiménez Almonte “peinó” todo el territorio dominicano en sus estudios y colecta de especies botánicas y se encaramó por supuesto en Diego de Ocampo varias veces.  En sus recorridos científicos le acompañaron Eugenio de Jesús Marcano, notable botánico, doctores Santiago Bueno, Federico Lithgow (Fricó) y José Manuel Sánchez.

 

 

El doctor Jiménez Almonte identificó nueve plantas nuevas para la ciencia (desconocidas hasta ese momento) entre ellas llamadas Fissidens Bryodidiunm Jimenezlii, Alcanthaceae Justicia L., Rubiácea Guettardad L.

 

Cuando decidió formarse un botánico por inspiración y amor a la flora en 1936, inició una tanda de recorridos por todos los montes y estribaciones montañosas que a los entendidos recordó a Enrique Alejandro Barón de Eggers, Olof Swartz por quien nuestro pino endémico lleva su nombre Pinus Occidentalis sw, doctor Antonio Fuertes, Padre Cicero y al más grande de todos, el sueco Erick Leonard Eckman, a quien el doctor Jiménez Almonte renoció su ingente aporte a la flora dominicana y antillana consiguiendo con el Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros erigirle un pequeño recordatorio en el parque Valerio, entonce Ramfis, el 14-10-1950, sin omitir al doctor Alain Liogier, un ángel del bosque dominicano. Básiga del doctor Jiménez Almonte.

 

Escribió un total de 43 artículos sobre botánica, muchos de ellos conferencias que es de esperar que algún día una institución publique para difusión del conocimiento de la flora nativa.

 

Miembro de la Sociedad Dominicana de Botánica en RD en 1973, y ese años donó cinco mil especímenes de duplicados de su herbario al Tracy Herbarium de Texas University que dispuso crear una sección con el nombre de “Jiménez Herbarium”.

 

Hijo Distinguido de Santiago de los Caballeros por elección de la Sala Capitular de la ciudad y co-fundador de la Academia de Ciencias de RD. Doctor Honoris Causa de la PUCMM y la Orden de Duarte Sánchez y Mella.

 

Muy pocos dominicanos atesoraron tanta sabiduría en medicina, botánica y ajedrez, el juego ciencia, como el doctor Jiménez Almonte, ha sido el botánico dominicano de mayor trascendencia y contactos internacionales con científicos de esa disciplina en todo el mundo.

 

Especies por el doctor Jiménez identificadas hoy llevan su nombre de científico eminente, como Phullznthus Lindenianus var. Jimenezii, Pitcarnia Jimenezii, Ginoria Jimenezii, en reconocimiento a su persistente jornada botánica.

 

Ninguna institución sufragó nunca excursión en el país y viajes al exterior en afanes botánicos al doctor Jiménez Almonte, cubriendo todo de su peculio, pero tampoco solicitó ni se quejó nunca de esa falla en el soporte a la ciencia botánica.

 

En esa misma orientación ejercía su profesión de médico, percibiendo honorarios muy escuetos a quienes acudían a su saber para restaurar su salud y en muchos casos, salvar vida.

 

En más de una ocasión cuando visitaba su consultorio y veía aproximarse un paciente, me decía, sin conocerlo, ese paciente sufre de un quebranto que identificaba con la vista, y me decía, no te vayas, y verás que me dirá lo que te he avanzado.  Y así resultaba. Era un médico clínico esclarecido.

 

Los méritos como ciudadano, hombre de ciencia médica y botánica, ajedrecista luminoso, sobran no solamente para que se modifique el nombre del pico Diego de Ocampo por doctor José de Jesús Jiménez Almonte, sino el tramo carretero que conecta su natal Guazumal – Santiago.

 

La primera gestión corresponde al presidente Leonel Fernández ó al presidente de la Cámara de Diputados, el santiaguense Abel Martínez y finalmente al senador por la provincia de Santiago, Julio César Valentín.  El camino carretero podría surgir del Poder Ejecutivo ó de una de las dos cámaras legislativas y también del alcalde de Santiago, doctor Gilberto Serulle.

 

La propuesta justa está motivada. Aguardemos quien asume la iniciativa de honrar a un ser humano extraordinario y a un científico sin parangón.

URL: http://www.cibaoaldia.com/?p=10356

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